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Amor

Amor...

Fuerza ignota,

luz eterna y milagrosa,

que ilumina con sus rayos el idilio

de dos seres que se aman con el alma enardecida.

Amor...

Sereno canto de alondra,

melodía misteriosa,

anima mi alma de poeta

hoy que la vida se me torna triste.

Amor...

Rumor de aura

céfiro de aurora,

roba silencio de mi pecho

la tristeza de mi alma confundida.

Así te recuerdo

6 de marzo - Aguada


Poema en la noche vírgen,

que la luna pinta

de blanco perlado sus páginas.


Ninfa, de pasiones trémulas,

desmayada en la alcoba de mi alma.


Mansa abeja del deseo

que va libando amores

en la flor de la inocencia.


Santuario de paz y de amor

hacia donde emigran mis ansias.


Ojos de castos velos

que herirme suelen cuando tu mirar arrías.


Esencia, eres, de todas las flores

en el prado verde de mi esperanza.


Iris de magna belleza

surgiendo de espumosa cascada

para ornar el arco de mi existencia.

Asi Eres

2 de abril de 1984

Aguada



Eres...

Dulce tormento

en la crisis amorosa

de una noche.



Eres...

Calor acariciante y misterioso

que enerva mi carne

cuando tu imágen evoco.



Eres...

En las noches sin estrellas

constelación en reposo.



Eres...

En mis noches de súplica

la fragancia que perfuma la oración.



Eres...

¡oh amada mujer! ... Eres mi diosa,

mi religión.



Eres...

Diana tras la bruma de inocencia,

que hace su desnuda presencia,

en mis noches de desvelo,

temblorosa de emoción.



Eres...

Cristalina fontana

donde siempre baño mis deseos,

en la hora tibia,

a modo de redención.



Eres...

La nueva aurora

en mi mundo de dolor.



Eres...

Mujer hecha de seda,

alabastro y coral.



Eres...

La última rosa

en mi jardín de esperanza.



Eres...

Hoguera de deseos

donde encendí mi pasión.



Eres...

Alondra en arrullo

que adormece los sueños

de mi ansiedad última.



Eres...

Presencia ajena

que se anuda a mi dolor

trenzada en hilos de angustia.



Eres...

Más allá de todo,

mi anhelo, mi destino,

mi costumbre infinita.

¡Así eres, mujer bendíta!

Dulce Anhelo

Mujer dotada de la gracia divina,

cual flor de un milagro, así eres, singular.

Son tus ojos la luz que me ilumina

y es tu voz una cántiga sin par.



Dulce anhelo de mis primeras canas,

pálidas angustias de mi último sueño.

Eso tú eres, costumbre amada,

pasión sin límites en mis ensueños.



Ansias de mi íntimo secreto,

rosa temprana de mi otoñal elegía;

dejame aprisionar tu alma lejana

en el áureo cendal de mi fantasía.

A Tus Ojos

14 de febrero de 1984

Aguada


¡Tus ojos!...

Ojos tristes que sobre mis pecados

tienden un velo enlutado de perdón.


Cristal de silencio

que el rocío de tu alma

cubre de niebla

cuando a herírte alcanzan.


Ojos de ausencia.

Por ellos mi alma huye

cuando pierde la esperanza.


Ojos de mármol transparente,

donde mis ansias anidan

y mis anhelos mueren.


Ojos de soledad.

Trenzados en tus pupilas

hay un collar de angustias.


Ojos profundos.

Tranquilo mar de pasiones

donde mis deseos anclan.


Ojos de nocturna mirada,

de furia triste;

aún arde en mis entrañas

la llama que encendíste.


Ojos poblados de nostalgia

como la lejanía;

universo en que a un tiempo

raya el alba y oscurece.


Ojos imborrables, de tristeza ingenua,

que me cuentan tus penas

sin develar su misterio.


¡Ojos de angustia!...

Rasga el velo de tu silencio,

para que de tu mirada emerja

tu ansiedad última.


¡Costumbre mía!

De tu mirar como ausente,

quita el cendal que le envuelve

para que mis ojos te digan,

¡cuánto te amado siempre!

Tus Ojos

De la vertiente de tus ojos tristes

brota un mirar como de duelo;

mirar que me tiene eternamente

en risario de súplicas al Cielo.



Oreo de quietud que a mi alma toca,

despertando mis ansias, mis deseos;

una quietud que en su eterno solfeo,

un mar de quejas en mi alma agita.



Apacible silencio, de este mirar yerto,

dime, ¿qué secreto oculta tu pupila?

Dile que su manso mirar me resta vida

y embriagada de inquietud mi estro.



Ese silencio suyo, como si hubiera muerto,

da vigor a mi alma, que su voz ya no alcanza;

ahogando los lamentos, la pasión que devora,

de quien te ama en silencio y entre sueños te adora.

Diosa de Ebano

Diosa de ébano, alegre y cadenciosa,

que has robado sosiego al alma mía,

yo he pretendido robar tu alegría

para llenarme de tí, diva preciosa.


Eres como la llama, inspiras fuego

y eres tan dulce y arrebatadora,

que a mi alma tristemente deplora

el vivir sin tí. ¡Ay, dulce desvelo!



Y porque eres así tan hermosa

que has despertado celos en las rosas

con tu gracia sutil, provocativa,
te seguiré añorando, primorosa,

pues eres y serás mi eterna diosa

y por siempre serás la preferida.

Imágenes

Allá en la altura, entre abras de flotante bruma,

donde a entonar sus trinos el ruiseñor alcanza,

vive una joven, blanca como es la espuma,

abandonada y sola, pero llena de esperanza.


Y yo absorto dejo que mi estro acuda a su reclamo.

Mudo de pasión admiro a esa virgen solitaria

y como evidente preludio, porque la amo,

con emoción profunda elevo una plegaria.

Imposible

No puede ser me dijo un día

cuando mi insistencia desnudé

y aunque a solas lloré su cobardía

de mi vida jamás la separé.


Su figura lentamente fallecía

en la penumbra virginal de aquel ayer

y el perfume que su alma despedía

me persigue cual verdugo transformado en mujer.


Muchas veces me pregunto si sería

que mi amor muy niño le entregué

y no teniendo facciones definidas todavía

mató aquel niño y de mi vida se fue.

Blancas Ilusiones Del Pasado

En el sendero incierto de mi vida,

esperanzas forjé... ¡gasa de albura!

Y al final, entre quedejas de brumas,

la verdad encontré, triste y ajada.


Busqué con inspiración osada,

frente convulsa y torva la mirada,

el consuelo de la mujer amada

en cuyos labios dejé la vida.


Torné mi vista en redor, buscando

el fulgor de su mirar temprano

o el arrullo de su voz. Todo fue en vano.

Son blancas ilusiones del pasado.


Mi buen Señor, allá en la altura,

donde se rasgan cielo y nada,

permíteme rielar la llamarada

a mi pupila que de amor exhala.

Soledad...

16 de diciembre de 1984

Carrizal - Aguada


Soledad...

Fiel amante de mi lecho;

que en las largas noches

de ligeros y cortados sueños,

te acurrucas en mi pecho

cuando la angustia es mayor.


Soledad...

Que envuelta en nevada bruma,

como fantasma de plata,

cabalgas por mi desierto

en tu corcel de fantasía,

trayéndome sueños fascinadores y engañosos.


Soledad,

cuando estoy en mi apacible estancia

sólo y con mis nostalgias íntimas,

tú me inspiras mil delirios

y animas dulcemente mis pasiones,

rasgando el velo de mis ansias infinitas.


Soledad...

¡oh princesa del Solitario Imperio!

Tú que en las pálidas noches

luces albas vestiduras

y al sediento de amor

sacias la sed infinita;

al jardín de mi ilusión,

¡trae luz, calor y vida!...

Nostalgia

11 de octubre de 1984

Bo. Carrizal - Aguada


Recia lucha libraron, el amor y el orgullo,

el egoísmo y mis íntimas nostalgias;
y en mi pupila vino a currucarse el llanto
de mi soledad sombría y las muertas remenbrazas.

Es mi dolor inmenso, espantoso, horrible,
pero triste como el llanto que no moja.
Dolor que oculta lágrimas comprimidas,
lágrimas de esta agónica congoja.

Este dolor, dolor de hombre, silencioso,
dolor terrible que a mi alma quema;
sabré aguantar con ignorado grito
como ola que se quiebra en la arena.

Mi Martirio

17 de mayo de 1983

Aguada



Como una garra feroz, clavada en mis entrañas,

llevo un sentimiento, un extraño dolor.

Este dolor inmenso, como cruel guadaña,

va segando mi vida por faltarme tu amor.


Y lentamente se me escapa la vida.

Muero de un sentimiento, un sentimiento mudo,

gélido como una tapia, que solloza en la herida;

que es mi martirio y tu amor librarme pudo.


Absorto en la infinita soledad de mi vida

le he pedido a tu Dios guiar tu paso incierto;

que la esperanza tenga la luz encendida

para que en tu espíritu florezca el huerto.


¡Cumbre de mis martirios, causa de mis desvelos!

Hoy salgo de tu pecho. No sé a dónde iré.

Emigro a lo ignoto con mis profundos anhelos

y aunque te siga amando, jamás te lo diré.

Remembranza

30 de mayo de 1984

Aguada



Entre paredes que destilan trsteza,

tendido sobre un lecho miserable,

te juro que he de cumplir la promesa

de llevarte en pensamientos celestiales.


¡Oh, mujer de semblanzas tan divinas,

símbolo del amor y la inocencia;

son tus ojos de mirar enlutecido,

tristes cocuyos que dan luz a mi existencia.


No puedo reprimir mis emociones

al ver la mirada que hilan tus ojos

y siendo esclavo de las pasiones

de ese triste mirar de despojo.


Tú eres capullo que entreabre tímido

e inocente en la temprana primavera;

es tu cuerpo de nácar cristalino

que me hechiza, me tortura y desvela.

Ensoñación

5 de enero de 1985

El Carrizal - Aguada


Bajo el palio rutilante

de un estrellado cielo,

galopando mi destino

montado en corcel de anhelos,

cual espectro ambulante

te busco en mis desvelos;

anidando en mi cerebro

el ave de tu recuerdo.

Y, cual Diana cazadora,

tu cuerpo es límpido espejo,

disipándose en la noche

por el beso de un lucero.

Melancolía

31 de diciembre de 1984

El Carrizal - Aguada


Palidece la tarde.

Y emerge tu recuerdo,

obstinada plegaria.


Me encuentro solo,

tan solo en mi dolor,

en esta tumba horrenda

de ruinas y nostalgias.


En esta tarde triste

al filo del ocaso,

en que me entrego

a mis pálidos sueños,

tus recuerdos atizan

la hoguera en que me abraso.


En esta tristísima tarde

de un luto que es armiño,

a través de la soledad del espacio,

mis delirantes ansias

te gritan mi cariño.

Amor Perdido

Libre del pudor que la presencia impone
y dolido por la herejía de tu palabra,
vengo a suplicarte que no abandones
tu promesa de amor frente al gran ara.

Quiero el último adiós, ya que te pierdo
y agonizo tu ausencia en lontananza,
déjame por lo menos el recuerdo
de aquellas horas de dulce esperanza.

Amor Sublime

Flor exquisita que se marchita

en los confines de su jardín,

así tu eres mi pequeñita,

muñeca mustia cual querubín.



Tú me calcinas con tus encantos

y mis quebrantos has de encender;

si yo pudiera cual primavera

tus ojos tristes reverdecer.



Ay... cuánta angustia habita en el alma

de este ilota de tu amor;

déme, mi vida, si en lontananza

hay paz eterna a este clamor.



Que hoy yo sufra tu indeferencia,

que tus encantos sean mi dolor;

no importa vida, tú ten paciencia,

que en mi recuerdo no habrá rencor.

Deseo

Si pudiera descifrar

de tus ojos el mensaje,

te hablaría sin ambaje

para poder conquistar

tu alma de fino cristal

y adorarla como diosa.

Contemplar cuán hermosa

son tus cadencias canelas;

el pensarlo me desvela,

olvidarlo me destroza.

Tu ausencia

Aquí, lejos de tí, en mi destierro,

ingrata prisión de mi albedrío,

evoco tu recuerdo en el vacío,

cruel ausencia que a mi vida ultraja.


Permíteme, bien mío, que te recuerde,

queda, en silencio, llena de calma;

que tu recuerdo es bálsamo a mi alma,

rosa de otoño a mi esperanza.


Y ahora que estás lejos, amada mía,

recuerdo con ansiedad tu inmenso amor.

Sufrido callo y no lloro mi dolor,

que en el recuerdo se consuela el alma.


Llegaste cuando mi espíritu dormía

en una vida llena de tormento,

y el mágico placer de aquel momento

es calma silenciosa que me abruma.


¡Dulce verdad que el silencio envuelve!

¡Apacible angustia que me consume!

Dejad que mi inmensa pena sahúme

en la eterna soledad de mi alma.